Quinto domingo de Cuaresma
La promesa hecha por el Señor en la primera lectura es muy audaz. Dice que todos lo conocerán, sin tener que ser enseñados por otros. No restringe la promesa sólo a las personas más santas. Dice que la manera en que las personas lo conocerán es a través del perdón de sus pecados. Acuérdate que está hablando a los israelitas, que tenían tantas leyes y mandamientos que necesitaban escribas y fariseos para seguirlos. Cuando rompían un mandamiento o una ley, quedaban aislados de la comunidad. Así que, la promesa de que Dios pondría su ley en sus corazones significaba que serían libres de hacer la voluntad de Dios porque quisieran, no porque temieran el castigo o el rechazo.
Jesús dice algo semejante en el evangelio de hoy. Les dice a los discípulos que su crucifixión atraería a todos hacia él. Ahora, la muerte de Jesús mostró que él asumió el castigo por los pecados en lugar nuestro, quienes lo merecemos. En el evangelio de Lucas incluso ora por quienes lo crucificaron, pidiendo el perdón a Dios. (Lc 23,34) Al morir en la cruz, Jesús muestra cuánto nos ama Dios. Al resucitar de entre los muertos, demuestra que podemos resucitar del pecado a una vida nueva de fe y amor.
Volviendo a la primera lectura, experimentamos esa promesa cuando presentamos nuestros pecados a Dios. Cuando perdonamos a las personas que nos han lastimado, también les ayudamos a experimentar ese amor. Después de todo, si yo puedo perdonar a alguien, seguramente Dios lo perdonará. También ayudamos a otros a conocer a Dios cuando compartimos o experimentamos el perdón. ¿Todavía no estás seguro si Dios te ha perdonado? El sacramento de la Reconciliación nos da la seguridad del perdón de Dios, y también la experiencia. Junto con los demás sacramentos, nos ayuda a mantener el amor de Dios en nuestros corazones.
Tom Schmidt